Hacer fuego en el monte no tiene ningún misterio ni es un truco de la tele: es pura química y, sobre todo, paciencia. Para que funcione necesitas el triángulo de siempre (calor, combustible y oxígeno) y respetar a rajatabla el orden: una buena yesca que pille la chispa a la primera, astillas finas para avivarla y leña que vaya de menos a más grosor.
Si usas un ferrocerio o pedernal, la cosa es fácil si apuntas al sitio correcto. Busca siempre yesca que esté seca de verdad: corteza de abedul raspada, hongo de yesquero, pelusa de cardos o resina de pino. Olvídate del musgo verde o de las ramas caídas que llevan días chupando humedad del suelo; busca ramas secas que se hayan quedado enganchadas en los árboles, resguardadas del viento. Cuando uses el ferrocerio, rasca con ganas, con firmeza y dejando caer la chispa justo encima de la yesca. Con el pedernal, golpea el acero contra la piedra dirigiendo el chispazo al montón.
Lo de hacer fuego por fricción (con el arco o frotando maderas) o con chispas de sílex queda muy bien en los vídeos, pero la realidad es que exige horas de práctica y que el clima acompañe. No te confíes por haber visto cuatro vídeos en YouTube; esos métodos déjalos para practicar un domingo por la tarde en un entorno controlado, no para cuando te pille la primera noche fría de verdad en mitad de la nada.
A la hora de montarlo, busca suelo limpio, tierra despejada o un lecho de piedras, bien lejos de raíces que puedan quemarse por debajo o de ramas bajas. Prepara una estructura en forma de tipi o cabaña pequeña para que el aire corra bien. Empieza echando ramitas del grosor de un lápiz, luego pasas al grosor de un dedo y, solo cuando la llama sea estable, metes los troncos.
Un apunte importante: ojo con la ley. En España las prohibiciones estacionales en campo abierto son muy estrictas y las multas, un dolor de cabeza. Llevar un kit de supervivencia en la mochila no te da inmunidad.
Para terminar, el fuego no se deja "medio apagado". Se ahoga con agua, se remueve la ceniza, se vuelve a echar agua y se comprueba que esté frío al tacto antes de marcharte. Lleva siempre más agua de la cuenta para esto. El fuego es el mejor aliado para calentarte y cocinar, pero si te despistas, destrozas el monte en un segundo.